sábado, 13 de marzo de 2010

Detenida



“No tengas miedo” se dijo a si misma mientras sentía los pasos acercarse hacia su escondite, había pasado más de tres meses escondiéndose de los señores de verde. Era una prófuga de la justicia y el régimen la buscaba, incluso el mes pasado el señor que había tomado el poder del país había dicho en televisión que daría recompensa a quien le llevase un comunista prófugo a algún retén.
Sintió el alboroto fuera; papeles, vidrios rotos y el grito desesperado de Carmela, la mujer que le estaba dando asilo.
- Sera mejor que nos digas donde se encuentra esa mierda – le dijo a gritos unos de los oficiales quien se preparaba para seguir rompiendo lo que encontrara en su camino.
- Ya le dicho que no sé – rogó la mujer mientras las lágrimas hacían el siguiente trabajo – no sé de quien me habla – contestó a duras penas.
- Já – se bufó el oficial – ¿me viste cara de huevón? – dijo soltando una risa seca preparándose para entrar hacia el lugar en donde estaba escondida la mujer.

Los pasos se acercaban cada vez más y el griterío afuera era cada vez mayor; por una parte los llantos desesperados de Carmela y por otra el desorden que estaban dejando los oficiales en la casa. María quien ya se preparaba emocionalmente a su captura y al fusilamiento al cual iba a ser sometida se sentó en cuclillas cruzando las piernas y bajó su cabeza hacia las ellas. Pensó en sus amigos del Frente y en Ricardo, su amado, quien había sido capturado la semana pasada según le había informado Carmela cuando le llevó el periódico, había muerto junto a otros.

La madera del suelo crujió más fuerte y oyó la voz de Carmela implorando que no rompiesen nada más, el oficial rió mientras abría la puerta y se encontraba con los ojos profundos de María Rojas, una de las principales cabecillas del Frente.

- ¡Y la huevona creía que no la iba a encontrar! – dijo tomándola bruscamente del brazo y arrastrándola por el suelo para llevarla hacia la camioneta – ahora cagaste, no podí hacer preguntas ni menos hacer intento de escaparte ¿me entendiste?

Ella no contestó y vio como también se llevaban a Carmela y la bajaban casi a golpes por las escaleras. Cuando ambas llegaron a la camioneta le pusieron un saco en sus cabezas y le amarraron las manos. Uno de los oficiales le dijo a Carmela.

- Vo vai por traición a la patria, por huevona te pasó esto, no sacai nada con rezar ahora… Dios no escucha a los traidores – musitó el militar mientras le daba un golpe y luego con su arma golpeaba a María.
- Ella no tiene nada que ver – dijo María sintiéndose culpable de lo que le estaba pasando a Carmela. No hubo respuesta solo otro golpe que la dejó algo aturdida.

Cerró los ojos y se preparó para lo que le esperaba.

A la mañana siguiente María fue llevada al campo de fusilamiento, no sin antes pasar por el interrogatorio y si tenía algo que ver con el atentado a unos de los miembros de la Junta militar, ella se declaró inocente pero de igual forma una bala atravesó su cabeza.
En cuanto a Carmela fue dejada en libertad y se pudo despedir antes de su amiga, aunque sus rezos no sirvieron para salvarle la vida.

domingo, 7 de marzo de 2010

El último Whisky


Bebió como de costumbre el último whisky a las diez y media frente a la chimenea fumando el habano que le había traído desde Cuba su hermano menor. Cuando bebió el último sorbo del trago ordenó a unas de sus criadas que le fuera a preparar la cama y que lo esperara ahí.

La mulata que a sus cortos quince años ya estaba en edad de merecer según decían muchos de los peones de la estancia, ya había experimentado por primera vez una relación sexual con el patrón. Él le había insinuado muchas veces que estaba bonita y que no dudara en ir a su dormitorio cuando tuviese frío en las noches de invierno porque como lo dijo él “juntos podían capear el frío del nevado invierno que caía”, ella se había rehusado en ir muchas veces, pero finalmente fue él quien la llevó a la fuerza y la hizo suya en un establo como únicos testigos del ultraje los animales.

Antes de ir a la habitación del patrón, la muchacha se dirigió a la cocina tomando de la mesa uno de los cuchillos con los que mataban a los puercos. Lo escondió en la bombacha y se dispuso a subir las escalas.

Cuando se encontró en la habitación encendió algunas de las velas y esperó al maldito que se aprovechaba de ella. Él le había dicho que lo tenía que esperar tendida en la cama y cubierta apenas con la enagua. Escondió el cuchillo debajo de la almohada y se persignó constantes veces y rezó innumerables “padres nuestros” por lo que estaba a punto de hacer.

Sintió cuando subían a duras penas las escalas y abrían la puerta, él esbozó una sonrisa complacida.

- Veo que has aprendido muchacha – le dijo cuando estaba a su lado y comenzaba a quitarle de a poco la enagua.

La dejó sobre la cama desnuda mientras era él quien se quitaba rápidamente la ropa.

Cuando estuvo listo se acostó al lado de la muchacha dando paso finalmente a montarse sobre el frágil cuerpo, mientras recorría con sus labios el cuerpo de la joven deteniéndose en lugares para lamer su ser, la mulata por su parte comenzaba a sacar de a poco el cuchillo y cuando éste estuvo libre posó la punta en la espalda del patrón enterrando la cuchilla y realizando una incisión a lo largo de la espalda. El soltó un alarido que alertó a muchos de sus peones.

- Esto es por joderme la vida hijo de puta – le dijo ella al oído.
- ¡Clemente! ¡Humberto!, vengan a matar a esta puta – gritó mientras trataba de forcejear con la muchacha quien nuevamente se encargaba de enterrar la cuchilla en la espalda. Otro grito se apoderó de la habitación.

Fue ahí cuando los susodichos peones entraron en la habitación disparando a quien fuera sin importar a quien cayera la bala, una de esas balas locas se depositó en la nuca del patrón causándole la muerte inmediata y otro de los disparos atravesó el pecho de la joven. Lo último que ella pudo ver fue el reloj que había en la muralla que marcaba las doce, una lágrima cayó por su mejilla hasta que ella se desvaneció y se tumbó para siempre en el acomodado colchón.

jueves, 4 de marzo de 2010

Intimidación


Tengo la mirada fija en un punto, algo enloquecedor y excitante… claro y obviamente algo vergonzoso a la vez. Pues si pudiera solo dejar de mirarlo las cosas serían distintas y él no se sentiría intimidado cuando veo como mueve sus manos simulando tocar una guitarra mientras escucha algo que debe ser rock en su mp3.

Alejo mi atención de él cuando se percata que lo miro y cuando mi instinto dice que hizo caso omiso a mi intimidación vuelvo a centrar mis ojos en él. Su cabello totalmente revuelto en la negrura del túnel a causa del gélido viento que entra por una de las ventanas lo deja más rebelde de lo que estaba.

El tren se detiene en una estación de intercambio y ahí se baja no sin antes mover su mano diciéndome adiós…






PD: DISCULPEN LO CORTO Y EL TÍTULO... NO SE ME OCURRÍA QUE PONERLE... Y DE ACUERDO A LA IMAGEN FUE LO ÚNICO MÁS CERCANO AL CUENTO D:

lunes, 1 de marzo de 2010

Doloroso Despertar


Acostada en el suelo cubierta por un colchón me encontré al lado de Facundo, me miraba sonriente mientras que por el lado izquierdo de su cabeza una mancha carmesí caía al suelo. Me asusté. Tomé de inmediato unas de sus manos y las sentí fría, me recorrió un profundo sentimiento que con palabras quedaría corta para poder explicarlo.

Lancé el colchón con todas mis fuerzas hacia un lado, dejando caer al suelo lo que era escombros… todo estaba tan oscuro y tétrico que no podía percibir nada, sólo el sonido de las sirenas y la alarma de los bomberos. Me aferré de una de sus manos mientras que con la otra trataba de encontrar su pulso. Nada.

Tenía que salir de la habitación como fuese, aunque el dolor de dejar a Facundo tirado entre los escombros era terrible. Me levanté con algo de dificultad mientras que con mis pies tocaba lo que fue alguna vez nuestra alcoba, donde pasamos buenos y malos momentos, ahora se había teñido de nostalgia. Salí por unas de las ventanas mientras veía a mis vecinos ayudar con el rescate de algunos, sentí que alguien tomaba de mi mano y me llevaba a un lugar más seguro.

- Tranquilita, todo ya pasó – me dijo un joven mientras me tapaba con una frazada – ¿estaba con alguien? – me preguntó con tono pausado dándome tranquilidad.
- Facundo – respondí con un susurro y dejé soltar unas lágrimas mientras frotaba mis manos y me preparaba para decir lo que había temido por mucho – rescaten a los que están con vida… Facundo no me responde – dije mientras sentía los sollozos de la demás personas.

El joven no preguntó nada, debió suponer a que me refería con mis palabras y se dirigió al grupo de hombres que maquinaban como salvar vidas. La noche siguió tétrica y larga.