
“No tengas miedo” se dijo a si misma mientras sentía los pasos acercarse hacia su escondite, había pasado más de tres meses escondiéndose de los señores de verde. Era una prófuga de la justicia y el régimen la buscaba, incluso el mes pasado el señor que había tomado el poder del país había dicho en televisión que daría recompensa a quien le llevase un comunista prófugo a algún retén.
Sintió el alboroto fuera; papeles, vidrios rotos y el grito desesperado de Carmela, la mujer que le estaba dando asilo.
- Sera mejor que nos digas donde se encuentra esa mierda – le dijo a gritos unos de los oficiales quien se preparaba para seguir rompiendo lo que encontrara en su camino.
- Ya le dicho que no sé – rogó la mujer mientras las lágrimas hacían el siguiente trabajo – no sé de quien me habla – contestó a duras penas.
- Já – se bufó el oficial – ¿me viste cara de huevón? – dijo soltando una risa seca preparándose para entrar hacia el lugar en donde estaba escondida la mujer.
Los pasos se acercaban cada vez más y el griterío afuera era cada vez mayor; por una parte los llantos desesperados de Carmela y por otra el desorden que estaban dejando los oficiales en la casa. María quien ya se preparaba emocionalmente a su captura y al fusilamiento al cual iba a ser sometida se sentó en cuclillas cruzando las piernas y bajó su cabeza hacia las ellas. Pensó en sus amigos del Frente y en Ricardo, su amado, quien había sido capturado la semana pasada según le había informado Carmela cuando le llevó el periódico, había muerto junto a otros.
La madera del suelo crujió más fuerte y oyó la voz de Carmela implorando que no rompiesen nada más, el oficial rió mientras abría la puerta y se encontraba con los ojos profundos de María Rojas, una de las principales cabecillas del Frente.
- ¡Y la huevona creía que no la iba a encontrar! – dijo tomándola bruscamente del brazo y arrastrándola por el suelo para llevarla hacia la camioneta – ahora cagaste, no podí hacer preguntas ni menos hacer intento de escaparte ¿me entendiste?
Ella no contestó y vio como también se llevaban a Carmela y la bajaban casi a golpes por las escaleras. Cuando ambas llegaron a la camioneta le pusieron un saco en sus cabezas y le amarraron las manos. Uno de los oficiales le dijo a Carmela.
- Vo vai por traición a la patria, por huevona te pasó esto, no sacai nada con rezar ahora… Dios no escucha a los traidores – musitó el militar mientras le daba un golpe y luego con su arma golpeaba a María.
- Ella no tiene nada que ver – dijo María sintiéndose culpable de lo que le estaba pasando a Carmela. No hubo respuesta solo otro golpe que la dejó algo aturdida.
Cerró los ojos y se preparó para lo que le esperaba.
A la mañana siguiente María fue llevada al campo de fusilamiento, no sin antes pasar por el interrogatorio y si tenía algo que ver con el atentado a unos de los miembros de la Junta militar, ella se declaró inocente pero de igual forma una bala atravesó su cabeza.
En cuanto a Carmela fue dejada en libertad y se pudo despedir antes de su amiga, aunque sus rezos no sirvieron para salvarle la vida.



