domingo, 21 de febrero de 2010

Fotografía


Desde hace una hora el mentiroso compulsivo está en la terraza fumando su quinto cigarrillo. Me mira preocupado como si yo supiera algo, y es así, me enteré de todo.
Deja las cenizas en ese cenicero que compró en esos “supuestos viajes de negocios”, en los que creo que la llevó a ella; la otra mujer. Esa ingenua que cae rendidas a sus pies y que se derrite con sólo escuchar su voz, la que lo satisface cuando su mujer (yo) le dice que se encuentra indispuesta y la que cree que él es un soltero más de la vida.

Aplasta el cigarrillo en el cenicero y toma la chaqueta que había dejado en el sillón, frunció el ceño cuando se percató que el gato había estado encima de ella y la había dejado llena de pelusas. La sacudió con un movimiento leve dejando caer las pelusas, estornuda y ¡cómo no! Si es alérgico a los gatos. Saca las llaves del bolsillo de su pantalón y con un gesto me dice que salgamos, trata de tomar mi mano pero la alejo y me cruzo de brazos.

Salimos del edificio y nos subimos al automóvil, suena tu teléfono y no contestas, no te pregunto nada porque sé que es ella. Pones en marcha el coche y te diriges calle abajo, supongo que iremos al circo porque lo dijiste la noche anterior y lo haces sólo para fastidiarme porque sabes que me cargan los payasos.

Miras por el espejo retrovisor y haces una mueca, volteó para ver y me percato de que un coche plateado está detrás de nosotros. Lo conduce una mujer, un poco más joven que yo y quien nos mira algo enojada, la reconocí inmediatamente. Es ella, la de la foto en la cual tú la besas y le tomas la mano, al parecer te ha descubierto mitómano, como yo descubrí tus constantes mentiras.

Aceleras el coche y una gota de sudor cae por tu sien, eso te sucede sólo cuando estas nervioso. De nuevo suena tú móvil y como anteriormente no contestas, pienso en lo cobarde e incapaz que eres para no poder enfrentar tus propios problemas.
La mujer aún nos sigue, está unos coches más atrás que el nuestro. Aparcas en una zona no apta y te bajas sin decir nada, salgo también y el coche plateado se estaciona detrás de nosotros, la mujer baja y empieza a gritarnos.
- ¡Así que es ella! – dice la de la foto – ¡por ella no te quieres casar conmigo! – no dices nada, ¡como odio cuando te quedas callado!
- ¿Eres Daniela? – le pregunto y ella afirma con la cabeza – soy la mujer de este infeliz – te dirijo una mirada, te tocas el cabello y miras a todas las direcciones.

Se oye un estrepitoso ruido, una muchedumbre se viene acercando, te echas a correr hasta que te sumas al grupo de hombres que se apresuran calle abajo. Una vez más te has escapado y te sales con la tuya.

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