lunes, 22 de febrero de 2010

Las Naranjas de Matilde


Con la Matilde nos conocemos desde que nacimos, prácticamente. Ella es la hija de la nana Rosenda. Compartimos nuestros juegos y nuestras andanzas y, a veces nos escapamos por el campo y nos vamos a la cascada a bañarnos, desnudos.
Pero el otro día la “Mati”, como le digo yo, no quiso bañarse. Yo me enojé mucho, pero ella no me quiso decir lo que le pasaba. Desde ese día anda rara conmigo. Yo no le hablo y me hago el que no la veo y ella “ídem”. A propósito esta palabra, “ídem” me la enseñó la profesora de lenguaje y quiere decir lo mismo.

Hoy voy a tener una conversación muy seria con la Mati y no voy a parar de insistirle hasta que me cuente qué le pasa. Para mí que anda enamorada del Ramón. Ramón es el hijo del jardinero Samuel y tiene como quince años.
Bueno, ayer hablé con la Mati, mejor dicho la obligué a hablar conmigo, le pregunté que le pasaba y ella me dijo que eran cosas de mujeres, lo que me dejó más metido aún.

Por la noche le pregunté a mamá qué eran las “cosas de mujeres”. Ella me preguntó el porqué de la pregunta. Bueno, yo le conté lo que había pasado con la Mati, pero por supuesto que no le conté que nos bañábamos desnudos, o si no todavía me estaría regañando y estaría castigado de por vida.

Mi mamá me dijo que la Mati se estaba convirtiendo en mujercita. Pero yo le dije que siempre había sido una mujer. Mi mamá me miró me miró y sonrió y después dijo muy seria: lo que pasa es que la Mati está creciendo. Me preguntó si yo no lo había notado. Yo le dije que no. Me fui a dormir, pero, la verdad es que no dormí mucho pensando en lo que haría al levantarme.

Tomé el desayuno y partí a buscar a la Mati. Pero la floja aún no se levantaba. La nana Rosenda me dijo que se encontraba un poco indispuesta y volviera más tarde, me fui a caminar por el campo a pensar lo que me había dicho mi mamá y entonces decidí que observaría todo lo que hiciera la Mati.

Volví como a las once a buscarla. Ahí estaba la perla, sentada bajo el naranjo, no le dije nada, sólo me limité a observarla y ¡no saben de que me di cuenta! La Mati tenía puesto un vestido y abajo del vestido tenía algo parecido al arnés que le ponen a los caballos y en el pecho tenía dos naranjas. Yo cuando la vi me puse a reír como loco y le dije que qué hacía con dos naranjas puestas ahí. Ella se puso roja y se fue corriendo donde la Rosenda a llorar. Parece que la regué. Ahora la Mati no va a querer jugar más conmigo. Por mientras voy a pensar como puedo disculparme. Lo peor es que no tengo idea por qué reaccionó así. Creo que iré al campo a cortar flores para traerle, como lo vi en una película.

Caminé por el campo, corté las flores más bonitas e hice un lindo ramo para la Mati, para que así me perdone, si es que la ofendí.

Desde lejos la vi y me fui corriendo a darle mis flores. Cuando me vio se puso roja, pero no lloró. Le pedí disculpas e hicimos las paces. Ella puso las flores en un jarrón y salimos a pasear por el campo. Fuimos a la cascada pero no nos bañamos. Y así fueron nuestros paseos, por largo tiempo. Las naranjas de Matilde iban corriendo cada día más y a mí me estaban saliendo pelos por todas partes. Mi voz a veces sonaba ronca y otras como pito, lo que me tenía muy preocupado, porque pensaba que me estaba convirtiendo en mono.

Anoche soñé que besaba a la Mati. Me levanté muy contento, fui a buscar a la Mati y nos fuimos a la cascada. Nos sentamos a mirar como caía el agua.
De pronto nos miramos y nos dimos nuestro primer beso.

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