
Hoy es uno de esos días en que dejo la imaginación a un lado y piso tierra firme en el mundo real. No estoy sola en esta travesía, me acompañan los recuerdos vagos y mi intento fallido de declararme esa noche de octubre – es mejor quedar como amigos – me dije cuando se iba en dirección contraria a la mía para tomar el autobús. Deben pensar que fui una verdadera imbécil, y así es… no hay otra mejor palabra para ¿describirme?, pero que hubieras hecho tú si te ves frente a la persona que crees querer y que te considera sólo como una amiga ¡Te comen los nervios! Y en tu cabecita sólo está latente la única palabra: FRACASO (y da la impresión que te la estuvieran remarcando en la frente).
Aquella noche era mi oportunidad, Gabriel había terminado con Paola (la yegua de su novia) y me había llamado esa tarde para decirme que necesitaba hablar conmigo y que nos juntáramos en el bar al que siempre recurrimos, que queda por Suecia. Aún recuerdo que me puse la blusa ajustada azul (Gabriel siempre me dijo que ese color resaltaba más mis ojos, así que por eso me la puse) y la traté de combinar con una falda, pero finalmente me puse unos jeans (a todo esto también eran ajustados y marcaba harto mi poto). No sé cuantas veces maquiné en mi torpe cabeza la forma de decirle que me gustaba y nunca hallé una que me convenciera, y fue así que llegué al bar antes que él (es lo más loser que he hecho, así que consejo si es que tendrás una cita, sé yegua y hazlo esperar, por lo menos media hora). El asunto que Gabriel llegó (pero más tarde de lo que habíamos acordado) y me saludó como siempre con ese apretado abrazo, pidió dos vodka y me empezó a hablar y a disculparse de su atraso… había hablado con Paola luego de telefonearme (ahí yo pensé que todo había acabado mal y tendría mi oportunidad de expresarle lo que sentía) y ¡por dios no he visto hombre más tonto!, no aguantó estar tres horas separado de Paola así que volvieron y yo sumida en una melancolía temporal borrando las imágenes que había inventado en mi cabezota si es que hubiéramos llegado a salir.
Cuando acabé de tomar mi vodka oí la voz de Paola mientras se acercaba a nosotros, le lancé una rápida mirada a Gabriel que a todo esto estaba embobado mirando como Paola se sentaba a nuestro lado. Me sentí como una extraña al lado de ellos mientras empezaban con sus cursilerías, cuando la yegua de Paola me miró y sin inmutarse me preguntó:
- Y tú Camila ¿cuándo te veremos con pololo?
- Aun no se da la ocasión – le respondí con una falsa sonrisa (se hubiera dado la ocasión si es que ella no hubiese vuelto con Gabriel)
Era tan incomodo estar con ellos, así que opté por marcharme y dejar mis planes de declaraciones amorosas en stand by. Salimos los tres del bar, ellos tomando un camino y yo otro. Pensé innumerables veces mientras me iba a mi departamento en Barrio Lastarria “es mejor quedar como amigos”

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