domingo, 7 de marzo de 2010

El último Whisky


Bebió como de costumbre el último whisky a las diez y media frente a la chimenea fumando el habano que le había traído desde Cuba su hermano menor. Cuando bebió el último sorbo del trago ordenó a unas de sus criadas que le fuera a preparar la cama y que lo esperara ahí.

La mulata que a sus cortos quince años ya estaba en edad de merecer según decían muchos de los peones de la estancia, ya había experimentado por primera vez una relación sexual con el patrón. Él le había insinuado muchas veces que estaba bonita y que no dudara en ir a su dormitorio cuando tuviese frío en las noches de invierno porque como lo dijo él “juntos podían capear el frío del nevado invierno que caía”, ella se había rehusado en ir muchas veces, pero finalmente fue él quien la llevó a la fuerza y la hizo suya en un establo como únicos testigos del ultraje los animales.

Antes de ir a la habitación del patrón, la muchacha se dirigió a la cocina tomando de la mesa uno de los cuchillos con los que mataban a los puercos. Lo escondió en la bombacha y se dispuso a subir las escalas.

Cuando se encontró en la habitación encendió algunas de las velas y esperó al maldito que se aprovechaba de ella. Él le había dicho que lo tenía que esperar tendida en la cama y cubierta apenas con la enagua. Escondió el cuchillo debajo de la almohada y se persignó constantes veces y rezó innumerables “padres nuestros” por lo que estaba a punto de hacer.

Sintió cuando subían a duras penas las escalas y abrían la puerta, él esbozó una sonrisa complacida.

- Veo que has aprendido muchacha – le dijo cuando estaba a su lado y comenzaba a quitarle de a poco la enagua.

La dejó sobre la cama desnuda mientras era él quien se quitaba rápidamente la ropa.

Cuando estuvo listo se acostó al lado de la muchacha dando paso finalmente a montarse sobre el frágil cuerpo, mientras recorría con sus labios el cuerpo de la joven deteniéndose en lugares para lamer su ser, la mulata por su parte comenzaba a sacar de a poco el cuchillo y cuando éste estuvo libre posó la punta en la espalda del patrón enterrando la cuchilla y realizando una incisión a lo largo de la espalda. El soltó un alarido que alertó a muchos de sus peones.

- Esto es por joderme la vida hijo de puta – le dijo ella al oído.
- ¡Clemente! ¡Humberto!, vengan a matar a esta puta – gritó mientras trataba de forcejear con la muchacha quien nuevamente se encargaba de enterrar la cuchilla en la espalda. Otro grito se apoderó de la habitación.

Fue ahí cuando los susodichos peones entraron en la habitación disparando a quien fuera sin importar a quien cayera la bala, una de esas balas locas se depositó en la nuca del patrón causándole la muerte inmediata y otro de los disparos atravesó el pecho de la joven. Lo último que ella pudo ver fue el reloj que había en la muralla que marcaba las doce, una lágrima cayó por su mejilla hasta que ella se desvaneció y se tumbó para siempre en el acomodado colchón.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

que triste! pobrecita, el viejo verde maldito merecia morir, me dio penita ;-;

Constanza dijo...

See Rafita, el tipo merecía morir, pero así fue mi cuento con un final no muy feliz u.u es parte de una antología de cuentos que tengo en mente :) novela negra :3

gcordova dijo...

noooooooooo!!!!

ella no merecía moriiiiiiiiir!!!
viejo maldito que le gustaba el pasto tierno jajaja.....

muy bueno aunque un poco turbador jajjajaj
espero con ansias los siguientes

cuidate :)

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