
Ella piensa que todo es mentira, que sólo ha sido un invento burdo por parte de una mente perversa. Si supiera todo lo que hace él a sus espaldas, como él mismo se encarga de despertar la sexualidad perdida con otra persona que no sea ella.
Lo vio salir por la amplia puerta mientras se excusaba con que había olvidado un documento en la oficina, cuando el teléfono la despertó de su ensimismamiento bastante habitual en las últimas semanas en que la otra la había llamado innumerables veces relatando todo lo que hacía con su marido en la cama. Se sintió inútil y que la culpa era de ella por no ser el tipo de mujer que ha su marido le gusta. Contestó el teléfono preparándose a decir un “diga” forzado mientras la otra le decía que Pablo iba a su encuentro, que se juntarían en un motel en Santiago Centro, que aprovechara esta oportunidad para que lo viera con sus propios ojos y le dejara el camino libre a ella.
Cortó el teléfono mientras recordaba cada palabra de la otra, encendió un cigarro a la vez que buscaba su cartera en el armario y salía tras de su marido y ver la posible escena que tanto temía. ¿Acaso tanto era el miedo que tenía de ver a su marido encima de la otra?
Tomó un taxi y se bajó por Mapocho para seguir el resto del trayecto a pie. Camino a paso apresurado sin importar chocar con la gente que venía delante de ella, sacó otro cigarro mientras esperaba a que el semáforo diera la luz, cuando vio la espalda ancha de Pablo perderse por unos de esos pasajes cerca del cerro Santa Lucía, su corazón dio un vuelco y corrió cuando la luz dio la señal de que era hora de atravesar. Entró al pasaje en el que había visto a Pablo perderse y se detuvo frente al gigantesco cartel que decía $3500 las tres horas.
“Hasta para esto es tacaño” – pensó a la vez que entraba y saludaba algo nerviosa a la mujer que estaba en recepción. Le dijo que la estaban esperando en la habitación 24, a la mujer no le pareció importarle y la condujo por un solitario pasillo y la dejó plantada frente a la puerta.
Inspeccionó la manilla mientras pensaba si entrar o no, hasta que por fin se decidió y acercó algo temerosa su mano a la manilla de la puerta y la giro con cuidado. La puerta cedió, echó un vistazo rápido y sintió unas risillas dentro de la habitación, entró con cautela y vio la espalda desnuda de Pablo y su cabeza perdida en el cuello de la otra.
- Tenemos visitas Pablo – dijo la otra mientras dirigía su atención a Catalina.
Pablo volteó su rostro y vio la cara petrificada de su mujer viendo como él la cagaba con otra sin ningún respeto. Sintió como la otra soltaba una carcajada cuando Pablo se separaba de ella e iba hacia Catalina quien no emitía palabra.
- No es lo que piensas – le dijo algo asustado.
- No estoy pensando en nada – le contestó mientras salía de la habitación grabando el rostro de la otra y de Pablo.
Caminó por las calles cercanas al cerro, entró a un café y ordenó un cappuccino mientras veía como la noche santiaguina tomaba su lugar. A su mente venía lo que podía ser una posible charla con Pablo.

2 comentarios:
holaaaaa!!
como siempre excelente. Me gustó esa parte de "no es lo que piensas" esa excusa ha trascendido desde el inicio
de los tiempos y en todas las sociedades jajajaj. Pobre catalina (snif).
Me despido desde la comodidad de mi pieza enfermo (varicela)
me esperan diez días de reposo :( argh!
Cuídate!!!!!!!
saludos
Coni!!! me gustó, narras tan bien y siempre termino metida en tus historias... Pablo maldito ;A; ahrita voy a ver las demas n.n
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