domingo, 21 de febrero de 2010

Happy B-Day


Era invierno y habían anunciado lluvia. Agustina que estaba en el baño dándose los últimos retoques antes de salir, miró nuevamente la fotografía de su ídola de juventud. Dibujó cerca de su boca el sensual lunar y pintó sus labios de un fuerte color rojo. Se arregló el escotado vestido blanco y salió hacia la sala en donde estaba Flavio, su esposo quien leía el periódico y bebía un chocolate caliente, volteó su rostro al percatarse de que su mujer entraba a la sala vestida como Marilyn Monroe.
- Voy a cantarle al presidente – le avisó Agustina mientras tomaba las llaves para salir de casa.

Flavio se levantó del asiento y salió tras de ella, sin lograr alcanzarla. La doble de Marilyn había tomado un taxi.
El taxista dejó a Agustina en la plaza de armas, aún no llovía pero el color gris del cielo anunciaba pronto un fuerte aguacero. Agustina se puso sobre los hombros el pañuelo para capear el frío reinante en el lugar y sacó de su bolso el espejo y los cigarrillos que le había robado a hurtadillas a Flavio y encendió uno. Nunca en su vida había fumado por encontrarlo poco femenino.

-Que te ves linda Marilyn, el presidente estará orgulloso con tu presencia en la Casa Blanca – se dijo mientras botaba una bocanada de humo.

La gente que pasaba frente a ella la miraban, algunos con lástimas y otros con indiferencia. Los más jóvenes empezaban a cantar “Happy Birthday” y ella le seguía algo desafinada con la letra.
Gozaba cantando e imitando los bailes de su ídola, hasta que formó un círculo de gente que la ovacionaba y repetían el “Happy Birthday to you”, no le importó cuando comenzó a llover torrencialmente, ella seguía con su espectáculo.
Flavio, el que le prometió ante el altar que la acompañaría hasta la muerte, había tomado un taxi en dirección plaza de armas, ese era el lugar al que siempre se dirigía su senil mujer. Distinguió a lo lejos un pequeño círculo que se iba achicando de a poco, bajó del taxi con paraguas en mano y ordenó al taxista que lo esperara. Corrió con dificultad, sus piernas le pesaban, su cuerpo no era el mismo de hace cuarenta años.

- Vámonos Agustina – le dijo mientras se sacaba la chaqueta y la ponía sobre los hombros de su mujer.

- Señor me confunde, soy Marilyn, Marilyn Monroe – le aseguró Agustina.

- Y yo soy el presidente Kennedy – dijo Flavio tomando la mano de su mujer. Ella le esbozó una sonrisa y le empezó a cantar en susurros la única canción que recordaba; “Happy Birthday”.

1 comentarios:

Valentina Torres dijo...

Coni este te quedo muy, pero muy genial, me lo llegue a imaginar. Ella parada en medio de la plaza de armas, con cara de desquiciada, la vista ida y su rimen corriendo a traves de la mejilla (bueno eso va por mi parte jajajá). Te felicito de verdad, demasiado bueno. Eso te quiero, la desquiciada Marilyn me dejo muy metida (:

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